No hay nadie- me decía una voz que se iba debilitando mientras más trataba de gritar.
Jhon, soy yo- le decía desesperadamente para que me dejara seguir a su casa y poderlo ayudar.
Yoko… ¿eres tú?- aseguraba una voz escuálida que volvía a tomar el tono legendario del líder del grupo pop más famoso de todos los tiempos.
Sí – le respondía a ese hombre que se estaba ahogando en un mar de arrepentimientos y frustraciones por no tener a su mujer al lado.
Cuando me vio entrar, lo primero que hizo fue darse la espalda y dirigirse hacia la bañera. Tomó sus característicos lentes y se los puso en sus ojos. Acto seguido, tomo una toalla, se puso sus pantuflas y empezó a quitarse la ropa, a lo cual, yo me tuve que quedar perpleja ya que no era la primera vez que el legendario Jhon Lenon se desnudaba frente a mí. Su espalda, escuálida y delgada, contrastaba con las pantuflas negras que se había puesto. Pareciera como si todo fuera blanco/negro en su vida.
Te vas a quedar mirándome o me vas a bañar?- me preguntó un hombre enfurecido y con sus mejillas enrojecidas.
Yo te baño, no te preocupes- le dije a este cantante y compositor, que había pasado de ser mi amigo a un enfermo que yo tenía que bañar y alistar, pues todas sus fuerzas se habían ido en el momento en el que Yoko Ono había cruzado la puerta de salida.
Qué es lo que más te gusta de mi?- me preguntó Lenon mientras empezaba a sumergir sus pies en la bañera.
Tú puedes capturar la esencia de los problemas de las personas a través de tus canciones y dar soluciones a estos- le respondí yo con una sonrisa en la cara y mirándolo directamente a los ojos.
Pues no te parece que es irónico que ni siquiera yo pueda tener una solución para mis propios problemas y te tenga aquí bañándome, como si fuera un niño indefenso- me dijo en un tono irónico que pretendía buscar una respuesta afirmativa en mi.
Tú inspiración no está acá. Yoko Ono es la mujer que despierta en ti lo que tú despiertas en millones de personas: pasión- le respondí en un tono cortante y severo.
Jhon agachó su mirada y terminó de meterse en la bañera. Yo comencé a restregar su espalda como si estuviera tratando de quitarle tanto dolor que veía en su mirada y que sólo se calmaría si veía su esposa. Sin embargo, fue más dura la realidad que el deseo, por lo que Yoko no apareció en esos cortos pero a la vez 15 minutos que pasamos en la bañera. Lo único que se me venía a la mente era cantarle una canción a Jhon y decirle que todo iba a estar mejor.
When i find myself in times of…
Cállate, no me quieras consolar con una de mis propias canciones. Sé un poco más original- me cortó fulminantemente mi intento de subirle el ánimo.
Te traigo veneno para ratas o mejor una cuchilla para que te cortes las venas- le dije a ese ser que estaba buscando desesperadamente un desahogo pero que no lo podía hacer porque simplemente su cuerpo no lo dejaba.
Eso sería lo mejor y de paso, tráeme una hoja en blanco para escribir una canción final a Yoko- me dijo un Lenon melancólico y que poco le quedaba de aquel visionario a quien más de medio mundo admiraba e idolatraba.
¿Y cuándo tu mamá murió, que hiciste?- le pregunté mirándole directamente.
Morirme Y volví a nacer hasta que conocí a Yoko. Ella fue la poción mágica que me trajo a la vida después de tanto sufrimiento. Muchas personas creen que Yoko es una mala mujer y que sólo está conmigo por mi plata pero no es así, están equivocados. De hecho, deberían estar agradecidos con ella porque ha sido quien me ha inspirado y la que nunca ha dejado que la fama y el reconocimiento mundial me destruyan y termine como un Elvis Presley o una Janis Joplin.
Lo único que pude hacer fue quedarme callada y salirme de la bañera por unos instantes. En mi pensamiento empezaron a rondar ideas de lo que yo podía hacer como amiga para poder ayudarle a Jhon a superar su tristeza y que esa pelea repentina con su mujer, no se convirtiera en el motivo de un suicidio. Y empecé a recordar lo que había vivido con Jhon y como nos habíamos conocido: yo era la reportera de la BBC de Londres y cubrí su primer evento con los Beatles. Eran hasta ahora una banda amateur y todo el mundo empezó a tirarles tomates, huevos y harina por lo malo que tocaban. Sin embargo, John se bajó de la tarima, se fue para su camerino con un plato de Cornflakes en su mano como si nada de lo que hubiera pasado le hubiera importado.
Toma John- le acerqué su plato de Cornflakes con leche. El se quedó callado mirándome, se secó las lágrimas y empezó a comerse gustosamente su cereal como si fuera un niño que se come un dulce.
Tu ejercicio de narrador protagónico es bueno, pero debes tener más en cuenta que eso es una herramienta más para conocer el mundo y a los personajes, en ese sentido te hace falta desarrollar un poco más lo que hay a tu alrededor. En el encuentro con tu personaje obtienes elementos que te serán útiles para la crónica, es un buen inicio, tienes a un potencial gran personaje.
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