viernes, 21 de octubre de 2011

LA INSPIRACIÓN DETRÁS DE LA LEYENDA

No hay nadie- me decía una voz que se iba debilitando mientras más trataba de gritar.

Jhon, soy yo- le decía desesperadamente para que me dejara seguir a su casa y poderlo ayudar.

Yoko… ¿eres tú?-  aseguraba una voz escuálida que volvía a tomar el tono legendario del líder del grupo pop más famoso de todos los tiempos.

Sí – le respondía a ese hombre que se estaba ahogando en un mar de arrepentimientos y frustraciones por no tener a su mujer al lado.

Cuando me vio entrar, lo primero que hizo fue darse la espalda y dirigirse hacia la bañera. Tomó sus característicos lentes y se los puso en sus ojos. Acto seguido, tomo una toalla, se puso sus pantuflas y empezó a quitarse la ropa, a lo cual, yo me tuve que quedar perpleja ya que no era la primera vez que el legendario Jhon Lenon se desnudaba frente a mí. Su espalda, escuálida y delgada, contrastaba con las pantuflas negras que se había puesto. Pareciera como si todo  fuera blanco/negro en su vida.

Te vas a quedar mirándome o me vas a bañar?- me preguntó un hombre enfurecido y con sus mejillas enrojecidas.

Yo te baño, no te preocupes- le dije a este cantante y compositor, que había pasado de ser mi amigo a un enfermo que yo tenía que bañar y alistar, pues todas sus fuerzas se habían ido en el momento en el que Yoko Ono había cruzado la puerta de salida.

Qué es lo que más te gusta de mi?- me preguntó Lenon mientras empezaba a sumergir sus pies en la bañera.
Tú puedes capturar la esencia de los problemas de las personas a través de tus canciones y dar soluciones a estos- le respondí yo con una sonrisa en la cara y mirándolo directamente a los ojos.

Pues no te parece que es irónico que ni siquiera yo pueda tener una solución para mis propios problemas y te tenga aquí bañándome, como si fuera un niño indefenso- me dijo en un tono irónico que pretendía buscar una respuesta afirmativa en mi.

Tú inspiración no está acá. Yoko Ono es la mujer que despierta en ti lo que tú despiertas en millones de personas: pasión- le respondí en un tono cortante y severo.

Jhon agachó su mirada y terminó de meterse en la bañera. Yo comencé a restregar su espalda como si estuviera tratando de quitarle tanto dolor que veía en su mirada y que sólo se calmaría si veía  su esposa. Sin embargo, fue más dura la realidad que el deseo, por lo que Yoko no apareció en esos cortos pero a la vez 15 minutos que pasamos en la bañera. Lo único que se me venía  a la mente era cantarle una canción a  Jhon y decirle que todo iba a estar mejor.

When i find myself in times of…

Cállate, no me quieras consolar con una de mis propias canciones. Sé un poco más original- me cortó fulminantemente mi intento de subirle el ánimo.

Te traigo veneno para ratas o mejor una cuchilla para que te cortes las venas- le dije a ese ser que estaba buscando desesperadamente un desahogo pero que no lo podía hacer porque simplemente su cuerpo no lo dejaba.

Eso sería lo mejor y de paso, tráeme una hoja en blanco para escribir una canción final a Yoko-  me dijo un Lenon melancólico y que poco le quedaba de aquel visionario a quien más de medio mundo admiraba e idolatraba.

¿Y cuándo tu mamá murió, que hiciste?- le pregunté mirándole directamente.

Morirme Y volví a nacer hasta que conocí a Yoko. Ella fue la poción mágica que me trajo a la vida después de tanto sufrimiento. Muchas personas creen que Yoko es una mala mujer y que sólo está conmigo por mi plata pero no es así, están equivocados. De hecho, deberían estar agradecidos con ella porque ha sido quien me ha inspirado y la que nunca ha dejado que la fama y el reconocimiento mundial me destruyan y termine como un Elvis Presley o una Janis Joplin.

Lo único que pude hacer fue quedarme callada y salirme de la bañera por unos instantes. En mi pensamiento empezaron a rondar ideas de lo que yo podía hacer como amiga para poder ayudarle a Jhon a superar su tristeza y que esa pelea repentina con su mujer, no se convirtiera en el motivo de un suicidio. Y empecé a recordar lo que había vivido con Jhon y como nos habíamos conocido: yo era la reportera de la BBC de Londres y cubrí su primer evento con los Beatles. Eran hasta ahora una banda amateur  y todo el mundo empezó a tirarles tomates, huevos y harina por lo malo que tocaban. Sin embargo, John se bajó de la tarima, se fue para su camerino con un plato de Cornflakes en su mano como si nada de lo que hubiera pasado le hubiera importado.

Toma John- le acerqué su plato de Cornflakes con leche. El se quedó callado mirándome, se secó las lágrimas y empezó a comerse gustosamente su cereal como si fuera un niño que se come un dulce.

Caras vemos...

“El mensaje de Tras La Sangre es eso, es mostrar manos abiertas que estén dispuestos a ayudar a otros, manos abiertas para estar dispuestos a ayudar a aquellos que en algún momento han cometido errores, al igual que uno puede cometerlos también”  Álvaro, el pastor harcorero cristiano,  logra pronunciar estas palabras antes de que llegara un amigo de él, a llevárselo a la tienda, para comprar más pan.

Al parecer aplica mucho la frase de “caras vemos, corazones no sabemos” pues me encuentro en un lugar lejano (centro de Bogotá) donde me invade un montón de gente que pareciera que me fuera a atracar. Pero yo estoy tranquila. Conozco a la perfección a estas personas que, para mucha gente, serían la perdición de la juventud actual. Llenos de tatuajes y perforaciones, jóvenes, de todas las edades y estratos sociales, convocan a sus amigos y conocidos a un asado en la casa de Álvaro para recoger fondos para su  iglesia cristiana llamada Generación sin Límites.

Álvaro es un hombre de 28 años que nació y creció en la ciudad de Bogotá. Desde pequeño, se vio muy interesado en la religión y en la predicación “yo desde que tengo memoria siempre me guié por el camino de Dios, y hoy en día, mi labor es que las personas, en especial los jóvenes, logren encontrar ese camino y puedan aliarse con el Señor”.

Sin embargo, para su familia y varias personas que lo rodeaban,  Álvaro no era un niño ejemplar, ya que le gustaba, y le gusta actualmente, el desorden y el descontrol.  “Mi mamá siempre me decía que yo tenía al diablo por dentro, ya que me gustaba escuchar música Metal y Rock pesado. En ese momento no estaba bien visto que un niño como yo escuchara ese tipo de música violenta y “satánica” ”.

Mientras muerdo, con alguna dificultad, la hamburguesa vegetariana que están repartiendo en el asado, espero pacientemente a que Álvaro llegue de la tienda. Tengo ganas de beber una cerveza, pero casi inmediatamente recuerdo que esos monstros tatuados, perforados y ordinarios no beben, no fuman y no consumen substancias psicoactivas. Todos son Straight Edge. Todos son harcoreros cristianos Straight Edge. Eso me hace pensar que acá la única persona desordenada y mal influencia soy yo.

Álvaro me ve desde lejos un poco apenado por tenerse que ir a la tienda  tan repentinamente. Deja el pan a disposición de los cocineros y se dirige inmediatamente al mismo lugar donde me dejó hace aproximadamente unos veinte minutos.

Se sienta tranquilamente, se acomoda y no duda en seguir con la entrevista “entonces te estaba diciendo que nosotros promulgamos eso, manos abiertas para ayudar, manos abiertas para amar, para hacer las cosas de una forma diferente, y no manos cerradas dispuestas a herir, eso es lo que hablamos en todos los conciertos”.
A medida que Álvaro crecía, se daba cuenta que el género musical que realmente le llamaba la atención era el Hard Core. “Me gusta el HC porque es un estilo de música propio y original. En los conciertos puedo descargar mi adrenalina y puedo trasmitir la ira y la euforia que siento al interpretar mis canciones y las de otras agrupaciones”.

El primer tatuaje del pastor fue una cruz negra y grande en la parte superior derecha de su espalda. “Tenía como diez y seis años cuando me la hice. Yo quería plasmarme literalmente mi devoción y mi vocación por el Señor. Gracias a él conseguí un buen camino y es por eso que casi todos mis tatuajes tienen que ver con la cristiandad y el amor a Dios y a Jesús”.

De fondo, puedo escuchar una canción de H2O que se llama One life One chance. Álvaro, al percatarse de lo que estaba escuchando, no dudó en gritarle al que estaba cerca del radio y pedirle el favor que le subiera un poco más a la pista. “De eso se trata esto, una vida, una oportunidad. Cada día que pasa, trato de llevar una vida sana y pura. Soy Straight Edge desde los veinte años y pastor desde los veintiséis”.

A Álvaro todavía lo juzgan por sus tatuajes y por sus expansiones. Son muchas las personas que no creen que un personaje como él pueda estar guiado por el camino del bien. “Con Tras la Sangre, mi grupo musical HC, queremos cambiar los esquemas, cambiar lo que se entiende de la juventud. Los jóvenes tenemos mucha energía tenemos muchas cosas por hacer, muchos sueños, muchas metas”.

El día se está terminando y después de estar un buen rato compartiendo conmigo, Álvaro se tiene que parar por segunda vez de su puesto para despedirse y agradecer a las personas que quisieron contribuirle con alguna ayuda para su iglesia católica.

Realmente la entrevista fue corta y muchas veces estuvo interrumpida por algunos comentarios de nuestros amigos. Mientras el pastor me explica que al día siguiente tiene que madrugar para dar misa a las 7 de la mañana en su iglesia, yo le propongo que concretemos otra cita para terminar de hacer mi entrevista y poder definir mi crónica final para prensa. Él accede. Espero su llamada. 

Narrador protagónico

Es sábado en la tarde y después estar perdida dos horas por la gran ciudad de Bogotá, llego a un garaje viejo, abandonado, rayado con aerosoles y sin nombre ni nomenclatura. Es una típica tarde en la capital: está lloviendo a cátaros. Afuera del garaje sucio y gris me encuentro con varios amigos harcoreros y con mi novio, Diego.

En el volante del concierto decía que el show iba a comenzar a las dos de la tarde en punto, pero como cualquier otro evento, este también tiene sus retrasos. Son las tres de la tarde y aún no han hecho pruebas de sonido ni han dejado entrar al público al establecimiento.

Muriéndome del frío y sin haber almorzado espero a que llegue Álvaro, el pastor harcorero cristiano. No lo veo y me desespero porque tenía que cumplir con una tarea de Crónica para Prensa. Sin embargo, a pesar del desespero, el frío y el hambre, estoy muy entusiasmada de que empiece el concierto ya que a mí me gusta mucho ese tipo de música y en este evento están reunidos casi todos mis amigos.

No aguanto el hambre y les pido el favor a un compañero y a mi novio que me acompañen a una cafetería para comerme algo. Desde la mesa, donde me estoy comiendo una empanada con una Pony Malta, puedo ver que ya abrieron las puertas del garaje pues las personas que se encontraban haciendo fila, tras haber estado la hora y media de retraso sentadas en el suelo,  se pararon rápidamente para ingresar al concierto.

Me termino rápidamente la empanada y corremos para no perder el puesto que nos había guardado Lola, una amiga harcorera cristiana que es la bajista de Tras la Sangre, el grupo musical de Álvaro.

Pasé el filtro con todas mis cosas. Generalmente, en la entrada de cualquier evento, hacen requisas para supuestamente garantizar la seguridad de las personas, pero en un concierto de Hard Core no se le puede garantizar la seguridad a nadie. Uno tiene que estar preparado para las patadas voladoras, los puños que viajan sin dirección alguna e incluso, uno tiene que estar pendiente del cielo, pues de repente pueden caer personas obesas, flacas, niños, niñas, adultos, jóvenes, amarillos, blancos o mulatos, encima de uno.

Y es que pasé el filtro porque no habían mujeres que me requisaran. Uno de los organizadores le preguntó a Lola si podía requisar a las mujeres, pero ella respondió que tenía que hacer prueba de sonido. Lola me miró y me preguntó que por qué yo no requisaba mientras que el concierto empezaba. Yo, sin nunca haber requisado ni tener la más mínima idea de cómo era que se hacía eso, recordé Rock Al Parque y traté de utilizar casi las mismas técnicas que utilizaban las policías a la entrada del Simón Bolívar, claro está,  sin pasarme de abusona y de tocadora, como las policías del evento más grande de Rock latinoamericano.

De cada diez hombres había una mujer, por eso me la pasé casi todo el tiempo mirando al techo sin hablar con nadie, porque en ese momento mis amigos ya habían entrado al concierto y me estaban guardando puesto en el Back Stage (teniendo en cuenta que en un concierto Hard Core cualquier persona puede entrar al Back Satge porque generalmente, el público hace parte de la puesta en escena y estos se pueden parar en la tarima e incluso robarles el micrófono a los vocalistas de las bandas).

Después de haber requisado, de la forma más cuidadosa,  a aproximadamente 30 mujeres, por fin pude ingresar al concierto. Estaba repleto de personas de todas las edades; yo sabía que tenía que llegar hasta la tarima pero era casi imposible atravesar ese mar de gente. Después de diez minutos de sofoque y puñetazos logro subir a la tarima y pasarme al “back stage”.

Lo primero que hago es sacar mi libreta de notas. A mí me encantan los conciertos de Hard Core, pero esta vez, me tenía que concentrar en algo en específico y olvidarme de la euforia y la adrenalina que recorría el sitio. La primera banda en subir al escenario es Tras la Sangre. Álvaro, encabezando la agrupación, dice unas palabras de aliento a aquellas personas que aún no se han guiado por el camino del señor. Todos guardan silencio, hasta yo, que no soy ni cristiana ni católica. No soy nada, ni atea. Después de las palabras de Álvaro puedo ver claramente cómo se transforma su aura cristiana y santa en un tormento de ira y euforia que hace que se sienta en todo el establecimiento.

El público, al ver la puesta en escena de la banda, no logra contenerse y casi de inmediato todos se transforman en monstruos. Patadas voladoras, puños,  slams y muchos pogos se pueden ver y sentir en ese preciso momento. Yo estoy en una esquina tratando de comprender la transformación de Álvaro y del público (e incluso, trato de analizar la adrenalina que me produce escuchar en vivo este tipo de música).

La gente me empuja, me pega, me espicha y yo medio puedo observar y anotar en mi libreta. Después de unos minutos puedo comprender que es caso perdido insistir en ser una niña aplicada y realizar un seguimiento profundo y plasmarlo todo en un pequeño cuadernillo. Por eso decido involucrarme completamente en el concierto y dejo a un lado la libreta, rota y espichada, para prepararme y vincularme directamente con el concierto.
Bailo, canto, comparto escenario con Álvaro y me lanzo en Slam sobre el público. Me encanta.

El  concierto se pasó muy rápido. Ya es de noche y miro cómo las personas dejan el garaje para irse a sus casas. Yo espero a que Álvaro se vaya también para poderme despedir de él. Lo veo, le sonrío y le doy un gran abrazo como felicitación a su presentación. Concretamos una cita para volvernos a ver y poderlo conocer mejor.

 Iré a misa este domingo a verlo predicar el evangelio de Dios al estilo Hard Core.